EL CAIRO, Egipto.- La agónica transición egipcia de la revolución a la democracia entró en el limbo el lunes, con los Hermanos Musulmanes reclamando su victoria en las elecciones mientras los generales que asumieron el control tras la caída de Hosni Mubarak decretaban que seguirían controlando la mayor parte del poder.

El ex comandante de la fuerza aérea que competía contra el islamista Mohammed Morsy dijo que el triunfo autodeclarado de su rival era un intento por "secuestrar" los comicios. Ahmid Shafik, quien también fue el último primer ministro de Mubarak, dijo que de hecho era él quien había ganado la votación.

Mientras transcurría el día y seguían las acusaciones mutuas de fraude, no hubo declaraciones oficiales sobre las elecciones y los supervisores de la votación advirtieron que no publicarían los resultados hasta el jueves, prolongando la peligrosa determinación entre un pasado militar y un futuro religioso.

El bando de Shafik insistió en que llevaba una ventaja de entre dos a cuatro puntos porcentuales, pero incluso las fuentes del Ejército, que se ha enfrentado por seis décadas los Hermanos Musulmanes durante el mandato militar, indicaron que se estaban preparando para aceptar que Mosry había ganado los primeros comicios presidenciales de Egipto.

Al menos un funcionario electoral respaldó en privado la afirmación de Mosry de que había obtenido un 52 % de los votos escrutados. Quien sea que surja como presidente electo verá su autoridad marcadamente disminuida por un decreto emitido por el mariscal de campo Hussein Tantawi el domingo al cierre de la votación.

Tras haber disuelto la semana pasada al Parlamento electo con mayoría de islamitas en enero, el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (SCAF) dijo el domingo que asumiría los poderes de la asamblea legislativa y que también intervendría para poner fin al estancamiento en la redacción de una nueva Constitución.

Opositores liberales e islamistas denunciaron un "golpe militar". "Ejército transfiere poder, al Ejército", decía el irónico titular del periódico independiente al-Masry al-Youm. Tantawi, ministro de Defensa de Mubarak durante 20 años, prometió a los egipcios que disfrutarán de la victoria de su revolución con la entrega del poder a los civiles el 1 de julio.

Aquella promesa, respaldada por Estados Unidos, que patrocina a unas fuerzas armadas con presupuesto de 1.300 millones de dólares, se cumplirá en una ceremonia que se realizará el 30 de junio para la jura del nuevo jefe civil de Estado, dijo un miembro del consejo militar.

No obstante, Egipto tendrá un presidente que sólo podrá nombrar un Gobierno cuyas leyes deberán ser aprobadas por el SCAF.

El calendario fijado para la redacción de la Constitución, su aprobación a través de un referendo y luego por un Parlamento electo, podría dejar a Tantawi en el poder hasta el 2013. A pesar de todo, los Hermanos Musulmanes expresaron su alegría y desafío en las calles y Musry, un ingeniero de 60 años educado en Estados Unidos, prometió ser el líder de todos los egipcios, en un gesto a muchas minorías, desde cristianos hasta liberales seculares y musulmanes moderados que temen un mandato clerical intolerante.

"Gracias a Dios que la gente guió a Egipto por el camino de la libertad y la democracia, que unirá a los egipcios en un futuro mejor", declaró Morsy, un ex prisionero político de Mubarak, en un discurso en el que se adjudicó la victoria.

Futuro islámico
Cientos de jóvenes seguidores que agitaban banderas de los Hermanos Musulmanes se reunieron en la plaza Tahrir, donde estalló la revolución antiMubarak hace 16 meses en el centro de El Cairo. "Gracias a Dios, nos deshicimos del Gobierno militar y el Estado policial", dijo Mona Issam, una de las mujeres que festejaban en la plaza, vestida con un velo que le cubría la cara.

"Esperamos que Morsy asuma el poder de manos del consejo militar y que el Ejército vuelva a las barracas", agregó. "Dios nos dio la victoria. Dios estuvo con nosotros y levantó el peso de la opresión. Queríamos un Estado islámico. Vivimos con extraños en nuestra tierra bajo el viejo régimen. Estuvimos oprimidos y el Islam no era la ley. Estoy muy, muy contenta. Gracias a Dios", sostuvo.

Otro manifestante, Mohammed al-Sayyed, de 46 años declaró: "Ahora viviremos en libertad. No habrá arrestos o prisiones. La revolución ha tenido éxito y recuperamos a nuestro país".

Sin embargo, la multitud apenas llamó la atención durante la hora de mayor tráfico de la mañana y apenas se comparó con la masa humana que asistió al centro de El Cairo cuando Mubarak cayó. El candidato islamista atrajo el apoyo de algunos votantes que rechazaron la agenda religiosa de los Hermanos Musulmanes y la imposición de la ley islámica, pero estaban determinados a impedir la llegada de Shafik, de 70, a quien ven como un heredero del antiguo régimen.

Pero mientras los islamistas celebraban, el desempleado Mohamed Mahmoud, de 28 años, no compartía su alegría: "Voté por Morsy pero no puedo decir que esté feliz (...) Aún tengo miedo de ambos y lo que podrían hacer. No quiero un Estado islámico ni un nuevo Estado de Mubarak".

El caos político ha afectado la vital industria del turismo focalizada en las pirámides y las playas del Mar Rojo y los últimos eventos, al prolongar la incertidumbre, podrían dañar aún más la economía. "Hay todavía un poco más de incertidumbre ahora", dijo el operador Teymour el-Derini, de Naeem Brokerage.

"Tenemos un nuevo presidente pero no significa nada porque no tiene nada que hacer", agregó. (Reuters)